La República como mascarada

Con pedido de publicación Por Mariano Conti*

Si atentar contra la vida de uno es atacar a todos, engañar y robar al pueblo no tiene redención.

La eternidad en la cual se prolonga en Argentina ésta atmósfera de corrupción, que deberá ya mismo encararse con voluntad de punto final, nos hace replantear el verdadero sentido de la República y también de la Democracia.

Lo cierto es que una república está fundamentada en el “imperio de la ley” y no en el “imperio de los hombres”.

Una república es, de este modo, un sistema institucional independiente de los vaivenes políticos y en la cual tanto los gobernantes como los gobernados se someten por igual a un conjunto de principios fundamentales normalmente establecidos en una constitución.

No debe confundirse república con democracia pues aluden a principios distintos; la república es el gobierno de la ley mientras que democracia significa el gobierno del pueblo.

Podemos concluir, dadas las premisas anteriores y el estado de cosas, que para la Argentina son tiempos aciagos los que corren ¡Oh patria mía, tan bella y perdida! En todo caso, lo que está sucediendo es abyecto, iría más lejos, diría que es tristemente patético. ¿En qué manos hemos confiado nuestro destino cuando toda la cúpula política al unísono con el Poder Judicial y el periodismo están moralmente cuestionados y mostrándonos sus ángulos más repugnantes?

¿Qué grado de responsabilidad nos reconocemos como pueblo y cómo nos juzgará la Historia si callamos? Es la gran pregunta filosófica y moral.

No nos dirán si eran responsables los autores manifiestos, ya que en todo caso no estaban en duda, sino qué grado de responsabilidad y participación tuvimos.

¿Qué nos sucede, somos los inocentes elementales entre los culpables de toda esta obscenidad, meros e impávidos observadores de estos graves acontecimientos que corroen la libertad o cómplices? ¿Declinamos, acaso, hacer uso de nuestros derechos y de las justas exigencias a las que hemos sido llamados como pueblo soberano?

En consecuencia, la Historia, la misma condición humana, exige testimonio, y si no damos testimonio por la verdad y por la justicia estamos condenados a la esclavitud de la mentira, de los poderosos, de la impunidad y de la tragedia que es nuestra propia historia.

Si una de las grandes epopeyas de un pueblo consiste en construir la paz, proceder con honestidad y no traicionarse nunca jamás es una impronta que debe grabarse en cada uno de nosotros.

Admitir que no hay pueblo sin memoria y que la paz no la construyen los escépticos ni los desesperanzados. Para salir hay que poder entregar. Para entregar hay que poder renunciar. Para renunciar hay que tener coraje y esperanza.

Pueblo argentino, tengamos la grandeza de llamar a un consenso nacional y patrio y hagamos estallar, de manera pacífica pero clamorosa, nuestras voces ante este sistema putrefacto y corrompido que está engañando y convirtiendo a la República y a la Democracia en una burda mascarada.

*Politólogo, Especialista en Relaciones Internacionales, Máster en Cooperación Internacional para el Desarrollo y Enfoque del Marco Lógico, Post Grado en Mediación y Resolución de Conflictos Internacionales.

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