Desde lejos se escucha el llegar de José el “Turco” anunciando su presencia ¡Compro de todo, Botellero”!… Si, todos lo conocen, su voz aguda como trino de pájaro es inconfundible; por otra parte este personaje pertenece a la historia y no se puede olvidar.
Está a dos cuadras, se lo ve empujando su carrito lleno de no seque, la calle de tierra con algunos pozos y desniveles hace más difícil y pesado avanzar. Empuja o tira, está acostumbrado, tantos años recorriendo el barrio puede avanzar con los ojos cerrados y reconocer cada lugar que pisa. Avanza voceando “botellas” el botellero”!!!”…, en las puertas de las casas aparecen las matronas del barrio con botellas y otras cosas que truecan con José, regatean el precio pero al final se ponen de acuerdo, son monedas, y José sigue empujando el carro y voceando.
¿Quién es José, de donde vino, cuál es su historia?
Cuentan los memoriosos que apareció en el pueblo siendo casi un niño había dejado su mundo escondido en la bodega de un barco sin destino conocido, pero la suerte lo acompañó, llegó a estas tierras de promisión y comenzó la larga lucha por la vida. Trabajo y escuela eran su futuro, el tiempo pasó, creció y se transformó en un joven con porvenir.
.Un amor se cruzó en su camino, la felicidad lo acompaño poco tiempo, una enfermedad lo dejó solo y su dolor no lo pudo superar.
Poco a poco fue perdiendo las ganas de vivir, y el abandono se apoderó de él, largo pelo y barba descuidada cubrió su rostro; aquel rostro que siempre tenía la alegría de la vida se transformó en la tristeza de su alma.
El tiempo fue pesando cada vez más sobre su espalda, y para poder sobrevivir encontró el carrito que lo acompaña, y como peleando a la muerte recorre el barrio.
El conoce a todos los que viven en el lugar en su paso saluda a cada uno por su nombre, a veces se detiene y acorta la vida contando sus cuitas, sus años de juventud o historias que quedaron en su recuerdo de la vieja aldea natal donde una madre perdió su hijo en una travesura de chico.
Ha pasado el tiempo, no se escucha la voz de José pregonando su presencia ni se ve el carrito entre la bruma que el viento al levantar el polvo de la calle semeja un paisaje irreal.
Dicen que lo encontraron en su humilde casucha como si estuviera dormido, sobre un cajón de manzanas que servía de mesa de luz una ajada foto de una bella joven le sonríe desde el más allá. Su rostro volvió a tener la alegría del reencuentro.
La historia se puede contar, pero quien la conoce no quiere que se repita, José el “Turco” tiene paz para su alma.
Roberto Willy Crippa
Imagen meramente ilustrativa.





