-Parroquia Nuestra Señora de los Dolores-
Cuando vamos a un velatorio. Vamos casi con cierta frecuencia. Mueren familiares, amigos, compañeros de trabajo, de nuestra comunidad, de nuestro barrio. Cómo ir, con qué actitud, cómo presentarse, cómo saludar, cómo mirar a las personas en duelo, qué decir, qué callar, cómo saber aceptar el llanto, las quejas, hasta los silencios profundos de esas personas a las que amamos, cómo estar y saber acompañar. Es todo un arte. Un arte que demuestra nuestra finura personal, nuestra ternura interior, es un arte de relación de ayuda que pide que los que aman se esmeren realmente por saber estar en esos momentos. Y, por supuesto, ¿qué es lo que no hay que hacer? Ir y pasar como desapercibidos, un saludo protocolar, una frase hecha y apartarse. No. San Juan de la Cruz nos recuerda esto. Mira que la dolencia de amor no se cura sino con la presencia y la figura. Por eso, cuando vayas a un velatorio mira a los ojos a las personas que sufren, que no te dé miedo su sufrimiento. Recuerda que vas para ayudar, para permitir el desahogo, no tanto para hablar vos, sino para escuchar. Dar cabida a la expresión del sufrimiento de los demás. Sé huésped de ese desahogo que las personas necesitan. No digas frases hechas que deshacen a las personas, más bien actitud de escucha. Recuerda el valor del tacto, del abrazo. Si es necesario, deja que lloren en tu pecho. El don de tu presencia, de tu silencio que acompaña, de tu oración. Es fundamental que tengamos esta finura de relación de ayuda cuando vamos a un velatorio.
P. Mateo Bautista.
Fuente: EL Camino Del Duelo





