“YO TENGO UN SUEÑO”

Por Dra. Ana Verónica Carballo de Suárez.

Yo tengo un sueño!,… de vivir en una ciudad y en un país sin contaminación ambiental y con más justicia social!. Yo soñé que vivía en un mundo sin contaminación. Al igual que los ciudadanos de color de Estados Unidos por los cuales Martin Luther King luchó (por sus derechos civiles y políticos), al igual que ellos nosotros también estamos siendo sentados en la parte trasera del colectivo, cada vez que los monopolios públicos y privados, y los funcionarios inescrupulosos avasallan nuestros derechos civiles y humanos, a gozar de un ambiente sano para nuestras generaciones y las futuras, cada vez que incumplen la Carta Magna Fundamental de nuestro país en su Art. 41 de la Constitución Nacional.

Suena casi irrisorio o vergonzoso pensar que nuestro país con otros países hace mas de 15 años firmaron el Protocolo de Kioto por los Derechos al Medio Ambiente sano, a reducir los gases que producen el efecto invernadero con su consecuente calentamiento global que hoy padecemos todos en mayor o menor medida, con inundaciones, tornados, tsunami, desertificaciones, etc… Las autoridades subestiman la gestión de residuos domiciliarios y de otro tipo, pensando que no son tóxicos ni para el medio ambiente ni para la salud de los ciudadanos, pero hay residuos que por sí solo no son tóxicos pero al entrar en contacto con otros residuos se vuelven altamente tóxicos no solo para el ser humano sino también para todo ser vivo del planeta.

En el Derecho Penal Ambiental están los delitos producidos por concausas o causas concurrentes, que generan riesgo para la salud pública de la población, el suelo, el agua y el ambiente, generando responsabilidad penal y civil. Tratándose de Bienes Jurídicos de Alta Jerarquía los del Medio Ambiente se justifica la sanción penal, aunque la conducta por sí sola no llegue a afectar el Bien Jurídico, cuando otras conductas acumuladas podrían afectarlo, ¿qué pasaría si todos hicieran lo mismo? esto lesiona, los bienes jurídicos protegidos por la normativa vigente, son delitos de riesgo y no necesitan haber causado un daño real, ante la probabilidad de daño catastrófico e irreversible, la inexistencia de certeza científica sobre el posible daño ambiental no exime de tomar las medidas para evitar sus consecuencias, hablamos del “principio precautorio”. Tenemos la dicha de ser uno de los países que forman parte del reservorio de agua dulce más grande del humano “el Acuífero Guaraní”.

Argentina es un país privilegiado cuenta con grandes riquezas naturales y está poblado por millones de personas talentosas y trabajadoras, pero sí seguimos con nuestra desidia y negligencia en el cuidado de los recursos naturales, como en la Isla Utópica de Tomás Moro “por más que nos resistamos nos van a declarar la guerra, porque van a considerar motivo suficiente para hacerlo, que un pueblo, ciudad o país que no usa bien la tierra, dejándola estéril o deshabitada, o contamine sus aguas, impida su goce a otros que por ley natural deben alimentarse de ella.” Todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad, cada vez que consumimos por consumir sin evaluar las consecuencias de la basura que producimos, cada vez que dolosamente se contamina un terreno baldío, cada vez que se conducen vehículos fundidos, cada vez que se arrancan los árboles por que molestan sus raíces o sus hojas etc… Hoy nos aquejan enfermedades de todo tipo y no nos sentamos a reflexionar ni lo soñamos si quiera que pueda provenir de algún tipo de contaminación ambiental, del agua, del aire o del suelo. Tenemos todo un desafío por delante, otras ciudades y naciones ya tomaron la delantera.

No es cuestión de presentar uno que otro proyecto aislado por ahí, sobre medio ambiente sin tomar carta cabal en el asunto. Es hora de tomar acción con políticas públicas pro-activas a todos los niveles, municipal, provincial y nacional abarcando primordialmente el nivel educativo. Si una comunidad (local o no) desea aspirar a un modelo de sostenibilidad, deberá como mínimo plantear un grado de exigencia más restrictivo a sus acciones que el exigido por la normativa en vigor. Las políticas públicas deben asegurar nuestros derechos humanos y derecho a no sufrir daños, y asegurarnos a todos los ciudadanos ante el efecto invernadero.

O vamos a seguir como decía Friedrich Nietzche” con nuestro derecho a ser necios como “el trabajador cansado, que respira lentamente, de mirada tierna, que deja pasar las cosas; esa figura típica del siglo del trabajo y del Imperio…” que solo reclama por el trabajo en relación de dependencia, como si este fuera el fin último del ser humano, dejando que el “árbol les tape el bosque”, cuando en realidad el fin último de todo ser humano es la Felicidad. Y lograr un ambiente sano, tiene por fin último la felicidad de todos los humanos de este planeta. ¡Tenemos doble ausencia, no solo faltan buenos gobiernos sino también buenos ciudadanos!.

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