El lobo marino descansaba bajo un monte de talas y coronillos, ante la mirada atónita de toros y vacas que pastaban en la zona. Después de permanecer más de 24 horas sobre tierra firme, decidió retornar al agua. Durante su “estadía” en el campo, el lobo fue vigilado por profesionales del Zoo de Buenos Aires.
Un ejemplar macho subadulto de elefante marino del sur, fue encontrado descansando bajo un monte de talas y coronillos distante unos 700 metros de la ribera del Río de la Plata, a la altura de Punta Piedras.
Ante el hallazgo, se implementó un operativo de vigilancia que contó con la presencia de efectivos de la Policía Comunal de Punta Indio y del Guardaparques del Refugio de Vida Silvestre Bahía Samborombón de la OPDS.
Se determinó que el joven elefante marino de casi 3 metros de longitud y un peso aproximado de 600 kgs pudo reposar tranquilo, separado apenas de la Ruta Provincial N° 11 por un alambrado.
El buen estado de salud del animal fue certificado por personal veterinario del Acuario del Jardín Zoológico de Buenos Aires. La vigilancia se mantuvo implementada, a los efectos de garantizar el descanso del animal; protegiéndolo de curiosos y de posibles interacciones con perros.
Finalmente, un día después, el joven macho decidió volver a transitar los 700 metros de campo y talares que lo separaban del Río de la Plata, ante la atenta mirada de vacas y toros, sorprendidos por la presencia del inesperado visitante. Tras mucho esfuerzo para orientarse, logró llegar a pocos metros del agua cuando ya caía la fría y oscura noche zambulléndose luego en las aguas del Río de la Plata, con rumbo incierto.
ENTRE LA TIERRA Y EL MAR
Los lobos marinos pueden vivir dentro y fuera del agua porque son mamíferos acuáticos igual que el elefante marino, la foca y la morsa. A todas estas especies se las denomina pinnípedos, pues tienen cuatro patas transformadas en aletas. Se cree que hace millones de años vivieron en la tierra, hasta que un día no hubo suficiente alimento y entraron al mar a buscarlo.
Poco a poco, su organismo se adaptó al ambiente marino. Su aparato respiratorio se modificó para que pudieran mantener la nariz cerrada dentro del agua y evitar así que les entrase líquido a los pulmones.
Además, los dedos de sus patas se unieron y se convirtieron en aletas. Gracias a esas adaptaciones, los lobos marinos pueden permanecer casi diez minutos bajo el agua; para ello, se impulsan con las dos aletas que tienen a los lados de su cuerpo y orientan su nado juntando las aletas traseras.
Para moverse en la tierra o andar sobre la rocas, apoyan su peso en las aletas delanteras y meten las traseras bajo su cuerpo, acomodadas hacia el frente. Al moverlas al mismo tiempo avanzan dando pequeños saltos.





