Mar del Plata – Inseguridad: una invitación a hacer ruido para despertar a las autoridades

Vecinos autoconvocados intentarán que esta noche toda la ciudad de Mar del Plata adhiera a un cacerolazo por mayor seguridad. Será a las 21 y apunta a ser un llamado de atención para las autoridades.

Por Fernando del Rio

Esta noche los vecinos de Mar del Plata tienen una actividad programada que, de aceptarla, podría asignarles una influencia social mucho más importante de la que imaginan. Consiste, tan solo, en hacer ruido a las 21 para avisar que algo anda muy mal.

Como aquellas campanas de rebato del medioevo, cuando el repique convocaba a una comunidad a actuar ante una injusticia o un saqueo, esta noche los marplatenses darán una advertencia a quien corresponda. Avisarán que los indicadores de inseguridad titilan en rojo desde hace ya algún tiempo, alimentados por distintos tipos de delitos y problemáticas que afectan a todas las clases sociales.

El fenómeno de estos tiempos de la comunicación instantánea lleva a los vecinos a organizarse por barrios y a proponer sus puntos de vista, ofrecer sugerencias o soluciones, manifestar sus enojos y expresar, cada vez más seguido, su impaciencia. Narran cada hecho sufrido, replican y comparten en las redes sociales los videos de las cámaras de seguridad que exhiben la obscena comodidad con la que actúan los delincuentes y recurren al intercambio de preocupaciones para recibir, de otros ciudadanos, el resignado “esto no cambia más”. Es todo lo que por ahora se puede hacer.

Sin embargo, la tolerancia a la inacción de los dirigentes políticos, a la ausencia total de que alguien escuche, se ha ido agotando. A diferencia de otros levantamientos históricos, parece que ya no se necesita de algún crimen doloroso y de alto impacto para que el malestar se haga marcha, se haga manifestación, se haga queja. Hoy lo que se asume como factor decisivo para que la paciencia se haya desvanecido es la certeza de que los “chorros” están ganando la ciudad. Lo inusual se ha vuelto común. Lo pasajero, permanente. Lo grave, indoloro. Hoy la multiplicación de delincuentes ha vuelto cotidiano lo que antes era una excepción.

Entonces, ya está pasando. La impresión que dejan las reuniones en los barrios, las publicaciones en los perfiles de Instagram o en los grupos de WhatsApp es que se está llegando al punto de no retorno, ese en el que el malestar sale de su cápsula de individualismo vecinal y de enojo de pasillo, y gana la calle.

Hoy a la noche, la convocatoria es un cacerolazo, una invitación a todos los vecinos a que sean ruidosos y tapen con su clan clan el bla bla, de quienes mucho hablan y poco hacen. O, quizá, un ruido que haga espabilar a esos mismos responsables de tomar medidas y empiecen a tomarlas.

Los índices aumentan en cada uno de los apartados del delito. Y los que no aumentan se mantienen en niveles altos, niveles que cada vez asombran menos y hacen que la gente se acostumbre. Hay más robos en casas de particulares, en comercios, se sustraen más automóviles, motos, los arrebatos son moneda corriente, la venta de droga se convirtió en pymes para ciertos clanes y en los barrios el derrame del narcomenudeo es violencia.

No es natural que los “motochorros” puedan circular las calles impunemente sin que un solo control de tránsito municipal se encargue, al menos, –¡a qué punto de súplica se llega!– de complicárselo un poco. Pero el Municipio sigue con morbosa excitación persiguiendo trapitos y limpiavidrios.

Tampoco es natural ver patrulleros de la Provincia destrozados y personal con poca capacitación, o recursos insuficientes que impiden una buena operatividad preventiva, esa que se traduce en los vecinos asegurando indignados “por acá no pasa nunca la policía”.

Ni mucho menos es natural que los vecinos se desencanten cada tres meses luego de ser entusiasmados por los anuncios de Nación, prometiendo la llegada de refuerzos de Fuerzas Federales que nunca llegan.

El ruido al que se convoca hoy es para avisar que algo anda muy mal y que deben tomarse en serio a Mar del Plata, la quinta ciudad más grande de Argentina, aun cuando se sepa que las soluciones no habrán de ser automáticas porque las bases están degradadas. Porque el daño hecho durante décadas desde la política al romantizar lo marginal y demonizar la aplicación de la ley es de una escala increíblemente grande.

En el peor de los escenarios, el cacerolazo de esta noche servirá para que los vecinos tomen nota de cara a renovar confianza en Municipio, Provincia o Nación, según quien quiera escuchar.

 

La Capital

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