Guillermo Caldera fue declarado culpable de abandonar y dejar morir a su propio padre

Así lo determinó el jurado popular luego de deliberar por más de dos horas y ahora deberá fijarse la audiencia para conocerse la cantidad de años que deberán pasar en prisión.

Un jurado popular declaró este jueves culpable a Guillermo Caldera por abandonar hasta la muerte a su padre Jorge, quien hace más de dos décadas lo había ayudado a encubrir el crimen de Bárbara Tiscornia. Por el hecho, ocurrido en 2023, también fue condenada la pareja de Caldera (hijo), Andrea Farías.

Ahora deberá fijarse la audiencia de cesura en la que las partes pedirán los montos de penas y deberá resolverse cuánto tiempo pasarán ambos en prisión. A Caldera le corresponderá una pena que puede ser de 6 a 20 años de prisión y a Farías de 3 a 10.

A Caldera se lo halló culpable de abandono de persona doblemente agravado por el vínculo y por el resultado muerte, y a Farías por abandono de persona agravado por el grave daño físico ocasionado.

Durante el debate desarrollado esta semana ante el jurado y el juez Gustavo Fissorelos dos imputados habían declarado y negado los cargos. También prestaron testimonio la sobrina de la víctima y la mujer que concurría a asistirlo.

La acusación a cargo del fiscal Carlos Russo sostenía que entre aproximadamente julio de 2023 y el 9 de agosto de ese año Caldera y Farías colocaron al médico Jorge Caldera en una situación de abandono, pese a que sus problemas de columna le impedían prácticamente movilizarse por sus propios medios. Según la requisitoria de elevación a juicio a la que accedió LA CAPITAL, la pareja había dejado de proporcionarle los cuidados básicos que necesitaba, entre ellos higiene, alimentación y medicación.

Jorge Caldera permanecía postrado en una habitación de la vivienda de Bolívar al 3700. Cuando finalmente fue asistido, presentaba un cuadro de deshidratación, falta de alimentación y una marcada ausencia de higiene personal. En ese marco, el 9 de agosto de 2023, sufrió una descompensación generalizada y fue trasladado a la Clínica Colón, donde murió posteriormente.

Uno de los testimonios centrales para el desarrollo de la investigación fue el de Elena Cabrera, una mujer que concurría aproximadamente tres veces por semana para asistir a Caldera padre. Según declaró, lo ayudaba con la medicación, le cocinaba, le llevaba ropa y realizaba mandados para él.

Cabrera describió ante los investigadores el deterioro que presentaba el hombre y aseguró que ya no podía movilizarse. Como no podía levantarse de la cama, utilizaba un balde de pintura para realizar sus necesidades.

De acuerdo con su relato, el 9 de agosto ingresó a la habitación y encontró a Jorge Caldera inconsciente, muy pálido, frío y sudoroso. Estaba acostado y rodeado por sus propias deposiciones y orina. La mujer sostuvo que les advirtió a Caldera y Farías que debía ser trasladado a una clínica, pero que inicialmente se negaron y le dijeron que “se le iba a pasar”. Finalmente, con ayuda de su marido, consiguió trasladarlo en una silla de ruedas hasta la Clínica Colón.

La misma testigo describió las condiciones en las que se encontraba la habitación: suciedad, orina en el piso y en distintos elementos, la cama mojada y un fuerte deterioro en las condiciones de higiene del hombre posteriormente fallecido. También afirmó que llevaba meses sin bañarse y que estaba muy delgado.

La Fiscalía incorporó además el testimonio de Elsa Roman, abogada de la familia Caldera desde hacía unos 20 años. Según declaró, en mayo de 2023 Jorge Caldera comenzó a manifestarle que sufría malos tratos por parte de su hijo y su nuera y que quería abandonar la vivienda.

Roman relató que durante sus visitas observó un progresivo deterioro físico. En una de ellas, dijo haberlo encontrado extremadamente delgado, postrado en una habitación oscura y con un fuerte olor. También señaló que prácticamente no recibía atención médica y que no existía un control adecuado sobre su estado de salud.

La requisitoria de elevación a juicio menciona además la declaración del traumatólogo Amílcar Trivillini, de la Clínica Colón, entre las pruebas reunidas para reconstruir el estado en que el médico llegó al centro asistencial.

La situación de Caldera padre ya había generado advertencias dentro de la propia familia: un tío de Guillermo Caldera había acudido al Juzgado de Familia N° 6 para denunciar la situación de su hermano y solicitar la exclusión del hogar de Caldera y Farías. La intervención policial derivada de esa medida terminó además con el secuestro de armas en el inmueble, aunque esa investigación se tramitó por separado.

En el juicio, Caldera y Farías volvieron a sostener las versiones que habían dado durante la investigación penal preparatoria. Y el fiscal Russo consideró que sus declaraciones no se condicen con el resto de las pruebas reunidas.

Uno de los puntos controvertidos fue precisamente el estado de la higiene casera. Mientras Farías sostuvo que la habitación era limpiada diariamente y que el balde que utilizaba era cambiado varias veces, distintos testigos describieron un escenario diferente y coincidieron en mencionar el fuerte olor y las deficientes condiciones de higiene.

También existieron diferencias respecto de la atención médica y la administración de medicamentos. Según la requisitoria, Guillermo Caldera sostuvo que su padre se automedicaba e incluso utilizaba un sello perteneciente a un médico fallecido para realizar recetas. Para el fiscal, esa situación formó parte del contexto en el que Jorge Caldera quedó sin la atención médica que necesitaba. La Capital.

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