Adrián Brown, el médico dolorense que dio el salto y ahora brilla en la moda

Empezó después de los 40 en el mundo fashion. En tiempo récord se convirtió en uno de los diseñadores más importantes del país.

Todavía tiene recuerdos de cuando era chico y acompañaba a su abuela a comprar telas en la sedería de Dolores, el pueblo donde nació, a 200 kilómetros de Buenos Aires.

Carla Rodríguez

Luego, a los 8 o 9 años (no hay exactitud en la memoria) comenzó a jugar con su hermana Miryam y diseñó los primeros vestidos con la cintura marcada “y la falda bien amplia”.

Este año, Adrián Brown, que tiene 53, presentó su colección de alta costura en el Salón Dorado del Teatro Colón en el marco de la Semana de la Alta Costura en Buenos Aires.

Fue la consagración de una carrera meteórica que aún no cumplió los 10 años y ya lo ubicó en el top 5 de la moda argentina.

Adrián Brown (53) construyó una carrera meteórica en la moda argentina. Vistió a Natalia Oreiro y Flor de la V, entre otras famosas. Foto: Andrés D’Elía.

Entre aquel niño curioso por las telas y este diseñador exitoso hay, claro, mucho camino recorrido.

“Todo empezó como un juego. Con mi hermana entrábamos a un cuarto que le decíamos ‘la despensa’, donde en un cajón mi abuela tenía los retazos de las telas que le sobraban de los vestidos que le hacían las modistas de Dolores. También encontrábamos esos cortes de tela que la gente regalaba antes para los cumples y ahí empezábamos. Le pinchaba ‘los vestidos’ sobre el cuerpo y los iba creando. Ella quería ser artista, actriz o cantante. Finalmente se decidió por otra cosa, pero estudia teatro vocacional”, cuenta Brown, apenas comienza la charla con Viva en su tienda de Recoleta, sobre la elegante Avenida Alvear, y luego de elegir los vestidos con los cuales la modelo posará para la producción fotográfica.

-¿Qué recuerdos tenés de ese nene?

-Era un chico muy castigado en el sentido de que no podía mostrar que me gustaba la moda: vivía en un pueblo, eran otros tiempos… En la adolescencia hubo un cambio: las mujeres de mi familia me escuchaban más cuando hablaba de moda, me dieron un lugar. Así fue que le diseñé el vestido de 15 a mi hermana. Hice un dibujo, mi primer boceto oficial, cuando tenía 16 años.

-Digamos que te convertiste en el diseñador de la familia…

-Es que cuando de chico acompañaba a mi abuela a la sedería, iba acumulando información de telas, cortes y colores. Incluso fui varias veces con ella a la modista. Una vez le sugerí cómo trabajar un cuello de organza que no nos gustaba y, cuando lo cambió, quedó increíble. Lo mío era intuición. Me daba cuenta de cómo construir un vestido.

-¿Y cómo te profesionalizaste?

-Le hacía todos los vestidos a mi hermana. En Dolores había muchas fiestas de 15, estaba “el baile de las debutantes”, y yo le armaba unos modelos increíbles. Teníamos una modista a la que le decíamos Elsa, por Elsa Serrano, una mujer a quien siempre admiré y que luego conocí. Una vez le hice a Miryam un vestido con un moño tan grande en la parte trasera (se me había ido de escala) y no podía sentarse en el auto. Me había inspirado en Yves Saint Laurent, que es mi diseñador favorito. Así que cuando bajó del auto, le cosí el moño y entró a la fiesta como si fuera Susana Giménez.

-Claro, sos famoso por el volumen de tus vestidos…

-Sí, el día que me saquen los volúmenes no sé qué hago.

Look Noche. Los vestidos de Adrián Brown se caracterizan por el juego de volumen. Foto: Andrés D’Elía.

Brown estudió Medicina y se recibió en la Universidad de La Plata. La moda, sin embargo, estaba latente y, entre libros sobre el cuerpo humano y guardias, asesoraba a sus amigas. Muchas de ellas aún hoy guardan los bocetos que les hizo en ese momento: son sus fans número uno.

-¿Tuviste que pasar por la medicina para llegar a la moda?

-Tenía conciencia de que debía salir de Dolores y no me iban a dar bola si decía que quería hacer moda. Me había hecho un test vocacional y me daba algo entre eclesiástico y Arquitectura. Finalmente, me decidí por la Medicina. Entonces me fui a La Plata con el apoyo total de mis padres: hice la carrera sin trabajar. Luego, me fui a hacer la residencia a Buenos Aires.

-Y te dedicaste a lo estético, otro guiño más a la moda…

-Sí, hice Dermatología, pero cuando me recibí, a los 23, sabía que quería hacer estética, tener obviamente una noción de todo, pero especializarme en lo que me gustaba. Me acuerdo que el doctor Chouela (padre) me caló enseguida y me llevó a su clínica para comenzar. Arranqué viendo temas médicos como la rosácea, pero a los seis meses ya estaba con los láseres (Brown se especializa en tratamientos antiage con esa técnica). Ahora comparto el consultorio algunos días a la semana con Fabián Bottegal.

-¿Sos 50% dermatólogo y 50% diseñador?

-Creo que voy soltando la Dermatología de a poco. La moda me apasiona, me vuelve loco. Muchas veces estoy trabajando en el consultorio y siento que lo otro me tira más. Será un proceso hasta que deje la Medicina definitivamente.

-¿Aunque la moda sea una profesión mucho más inestable?

-Bueno, muchas pacientes también se fueron porque yo no tengo plena disponibilidad de tiempo. Las mujeres son muy infieles con sus dermatólogos, como también lo son con sus diseñadores (risas). Si voy dejando la Medicina es porque también me siento más asentado en la moda.

El favorito Adrián Brown tuvo una carrera meteórica. Al poco tiempo de lanzar en 2013 la marca que lleva su nombre, se convirtió en un niño mimado de la prensa especializada y las famosas, siempre atentas a descubrir nuevos talentos con estilos que marcan la diferencia.

Brown estudió Medicina y se recibió en la Universidad de La Plata. La moda, sin embargo, estaba latente y, entre libros sobre el cuerpo humano y guardias, asesoraba a sus amigas.

Su ropa apareció en las revistas, hizo los primeros desfiles (siempre con críticas excelentes) y hasta se dio el gusto de vestir a Natalia Oreiro para ir al programa de Susana Giménez.

“Era un vestido negro. Me acuerdo de que fue la primera vez que escuché mi nombre en la televisión. Cuando Susana le pregunta a Natalia quién la había vestido, ella dice mi nombre y mirando a cámara dice: ‘Adrián, quiero que sepas que le saqué el forro al vestido’.”

-¿Cómo lograste que te fuera bien tan rápido?

-Reconozco que me fue fácil, pero todo se dio de manera natural: nunca tuve ni siquiera un agente de prensa. A veces me sorprendo por cómo sucedieron las cosas, pensé que iba a estar más quieto. Todo se fue dando, por eso siento que este es mi lugar. Para mí la moda fue un nuevo comienzo luego de la Medicina. Me siento joven en esta carrera que me apasiona y que, sin embargo, empecé después de los 40. Siento que tengo mucho por hacer.

-¿Te imaginás a los 90 diseñando?

-Claro que sí. Con la moda siento que tengo otra proyección. La Medicina nunca me entusiasmó tanto. Puedo quedarme en el atelier hasta las 5 de la mañana trabajando que no me pesa, al contrario, lo disfruto. Para hacer el desfile del Colón estuve encerrado dos meses acá y no lo sentí. Obvio que el cuerpo te pasa factura si no descansás, pero para mí estar acá es todo disfrute.

-Algo que también llama la atención es que tus colegas te quieren. Siempre se rumorea de lo complicado que es este mundo de egos…

-La verdad es que yo adoro ir a los desfiles de mis colegas, algo que quizás no se da tanto. Voy a los de Fabián Zitta, Laurencio Adot… Disfruto la moda desde todos los ángulos. La pasión me lleva a ver la moda con entusiasmo. Me gusta ver todo lo que hacen los diseñadores internacionales, también. Me encanta el momento del desfile. Además, hay gente que admiro mucho, como Gino Bogani. Crecí mirando lo que él hacía y ver su desfile homenaje en el Malba fue algo único. También admiro mucho a Manuel Lamarca, Hernán Fragnier que falleció hace poco, Fabián Kronenberg… Siempre esperaba ver a Pinky con sus cuellos parados, vestida por Elsa Serrano, quien también me marcó mucho en mi carrera.

-¿Cuál fue tu relación con Elsa?

-Tomé clases en su academia de la calle Mansilla. Su estilo y ella fueron increíbles: sus vestidos de un solo hombro con detalle de flores, sus diseños en terciopelo. Nadie trabaja el terciopelo como lo hacía Elsa, quien además me incentivó a trabajar en la moda. Cuando me recibí, mi mamá se vistió con un clásico trajecito de Elsa.

-Habrás lamentado su muerte…

-Muchísimo. Antes de la pandemia, incluso, la fui a visitar a su atelier. Me mostró un vestido de Susana (Giménez) y otros clásicos de ella, como un diseño que le hizo a Zulemita Menem. Me quiso regalar unos géneros y quedamos para otro día y enseguida pasa lo que pasó. Hace poco me encontré con su hija Soledad y me dijo: “Mi mamá te adoraba”. Elsa fue única: trabajaba de 6 de la tarde a las 6 de la mañana y sus vestidos ajustados eran mágicos. Se merece una retrospectiva, un homenaje.

Estilo Brown  

El desfile en el Colón lo abrió Juanita Tinelli con un minivestido negro escotado, combinado con bucaneras. Luego vendría una serie de vestidos majestuosos en colores fuertes.

En la primera fila, aplaudían con fuerza desde Marcelo Tinelli hasta Florencia de la V, una de sus clientas famosas.

Adrián Brown inauguró en junio la Semana de la Alta Costura en Buenos Aires. Juanita Tinelli abrió el show con un mini vestido negro y bucaneras. Foto: Archivo Clarín.

-¿Cómo es el estilo Adrián Brown?

-Clásico, romántico, nostálgico, como de otra época. Mis colecciones disparan cosas del pasado, mucho de los años ‘80 y finales de los ‘70. No salgo de ahí, quizás porque mi primera mirada de la moda tiene que ver con esos años. Mi retina me remite a ese estilo. A veces trato de correrme, pero regreso enseguida. No podría hacer años ‘20, años ‘50, inspirarme en el new look de Dior… No me gusta.

-¿Sos crítico de tus colecciones?

-Sí, soy fatal. Me siento inseguro casi siempre. Armo la colección y le doy muchas vueltas. Para el desfile en el Colón tenía 47 pasadas todas colgadas y no me cerraba al cien por ciento. Me acuerdo de que vino el productor del evento, la rearmó y después yo la volví a armar y entonces sí me quedé conforme. Ahora ya aprendí que ser autoboicoteador es parte de mi naturaleza, es parte de mi esencia y trato de manejarlo.

-¿No hay lugar para el disfrute?

-Sí, por suerte sí. El Colón lo disfruté muchísimo. Me gusta la esencia de los escenarios. Por eso, en un futuro, me gustaría hacer el vestuario de un music hall, una revista o una ópera… Me veo como vestuarista de teatro. La magia del teatro me encanta. De chico iba al teatro en Mar del Plata, en Buenos Aires, y veía todo. Cuando tenía un rato libre, me iba a ver alguna obra. Ahora tengo un abono en el Colón que disfruto como loco.

El mercado argentino 

Hacer moda en un país donde conseguir telas es complicado, el dólar cambia de valor todos los días y la moda deja de ser un servicio básico ante otras prioridades, no es fácil para nadie. Ni siquiera para un exitoso en la industria. Brown, sin embargo, tiene una mirada positiva con respecto al mercado gracias a su mujer, María Victoria Vergara, quien se ocupa de las finanzas de la marca.

“Mi estilo es clásico, romántico, nostálgico, como de otra época. Mis colecciones disparan cosas del pasado, mucho de los años ‘80 y finales de los ‘70. No salgo de ahí, quizás porque mi primera mirada de la moda tiene que ver con esos años.”

Adrián Brown, dermatólogo y diseñador. 

-Hacés vestidos caros y vivimos en un país que siempre está en crisis: ¿se gana plata haciendo moda?

-Al principio no ganaba bien porque era un mal administrador, pero cuando llegó Victoria me ordené. Me acuerdo de lo que gastaba en mis primeras colecciones: ¡una locura! Luego me volví más comercial y proyecté un negocio. Mi mujer le dio equilibrio a mis finanzas: ella es más hábil para eso, maneja los precios, la atención al cliente. Yo me la pasaba haciendo favores y no ganaba plata. Antes, si me llamaba una amiga para decirme que tenía mil dólares para un vestido, se lo hacía y era un delirio, ahora digo que no.

-O Victoria te mata…

-Ella sabe. En el desfile quería incluir dos o tres piezas de sastrería carísimas, le pedí que me diera un gusto y ella accedió. Me gustaría hacer más trajes, pero tienen que ser de una calidad excelente que no encuentres en el local de una buena marca en el shopping. Además, una mujer no gasta 2.500 dólares en un esmoquin, esa es la verdad.

-¿En un vestido sí? ¿La mujer argentina gasta mucho para vestirse?

-Si es protagonista, gasta. Hay diseñadores que cobran un vestido de novia 10.000 dólares. Y muchas lo pagan.

-¿El empoderamiento hizo más segura a la mujer o nos seguimos vistiendo para la mirada ajena?

-Aunque no todas, la mujer depende de la mirada del otro, en general. El tema ideológico no alcanza para que una mujer esté bien plantada y sea segura de sí misma. Tiene que estar internamente preparada. Muy pocas son las que vienen solas y no consultan, se miran frente al espejo y compran. Las que vienen solas, eligen un vestido y luego regresan con el marido, la hermana o alguna amiga; suele cambiar lo que ellas quieren.

-¿Aceptás que cambien el diseño de tus vestidos?

-En general, no pasa mucho esto, a lo sumo cambiamos detalles. Antes concedía más, ahora no tanto. Destrozar un vestido para sacarle un poco de volumen no va. La verdad es que, cuando me piden algo que no me identifica, los mando a otros diseñadores sin ningún problema.

Las mujeres de su vida

Adrián Brown vive con María Victoria Vergara y su hija Eugenia, a quienes define como “las chicas de la casa”.

Vergara fue su secretaria en el consultorio y ahora es su mano derecha. La benjamina de 7 años es, según comenta cuando posan para las fotos de Viva, “su modelo favorita”.

De tal palo… Adrián con su hija Eugenia, de 7 años, quien ya muestra su pasión por la moda: “Es muy creativa”. Foto: Andrés D’Elía.

“Es un personaje total. Ya pincha en el maniquí, dibuja sobre mis bocetos, es muy creativa con las manos. Igual a mí cuando tenía su edad”, cuenta.

-¿Qué te moviliza para crear?

-Los géneros. Con el género imagino el vestido. Me gusta descubrir telas vintage y tesoros en las sederías.

-¿A quiénes admirás?

-Yves Saint Laurent es mi favorito desde siempre y me gusta el actual diseñador de la casa: Anthony Vacarello. Me encantan algunas cosas de Balenciaga y todo lo nuevo de Valentino. Halston es otro de mis favoritos, así como Oscar de la Renta y Bill Blass, todos muy clásicos. Y Gianni Versace: me gustaba él y su marca; ahora bajo el mando de Donatella, también. Alessandro Michelle hace un trabajo interesante en Gucci, algunos recursos me gustan.

-¿Qué relación tenés con las famosas?

Lo que más me gusta de vestir a las famosas es lo teatral, lo escénico que representan. Una actriz te permite jugar con la moda, ponerle al vestido una cola gigante o un gran moño. Una mujer anónima suele tener un gusto más clásico.

-También vestiste a Fabiola Yáñez, la primera dama.

-La vestí para ir a ver al Papa con un total look negro y luego con un look violeta cuando llegó a Lisboa. También la vestí varias veces a Juliana Awada, pero no es un tema central en la comunicación de mi marca. Visto a esas mujeres cumpliendo un rol, más allá del partido político al que representan.

Nota de Revista Viva 18/08/2022
Clarín.com

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