Una vez más, la vicepresidenta se diferenció de la postura del Gobierno, que avaló las disposiciones de la FIFA y el FBI para que los argentinos no lleven banderas con el mapa de Malvinas al encuentro de semifinal del Mundial. Su crítica a los ingleses recuerda el conflicto diplomático que generó en su momento con Francia.
La vicepresidenta Victoria Villarruel volvió a marcar sus diferencias una vez más con el Gobierno, al lanzar un fuerte mensaje en relación al partido por semifinales entre Argentina e Inglaterra y la cuestión Malvinas.
“Mañana jugamos contra los piratas usurpadores. No es un partido más”, expresó la presidenta del Senado en relación al encuentro deportivo de este miércoles y agregó: “No voy a ser políticamente correcta ni pecho frío, contra los ingleses siempre es algo más”.
Luego, parafraseó la canción que se convirtió en hit de este Mundial: “Es Malvinas, es el Diego, es la última de Leo y es pararle el carro a los invasores”. “¡Aguante Argentina! Porque hasta el último suspiro vamos a reclamar lo nuestro!”, concluyó, en clara relación al reclamo por la soberanía sobre las Islas Malvinas.
El posteo no constituye una excepción dentro de la trayectoria pública de la vicepresidenta. Desde mucho antes de ingresar a la política partidaria, Villarruel construyó buena parte de su identidad pública alrededor de temas vinculados a las Fuerzas Armadas, la historia reciente y particularmente la cuestión Malvinas, una causa con la que mantiene además un vínculo personal y familiar. Su padre, Eduardo Marcelo Villarruel, fue combatiente durante la Guerra de Malvinas y se desempeñó como segundo jefe de la Compañía de Comandos 602, la unidad que estaba al mando de Aldo Rico. Esa historia familiar explica en buena medida la centralidad que la causa de la soberanía sobre las islas tiene en el discurso de la vicepresidenta, quien con frecuencia participa de actividades relacionadas con veteranos de guerra y suele reivindicar la gesta de 1982.
El mensaje de la vicepresidenta ocurrió luego que la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, confirmara que el Gobierno argentino avaló las disposiciones de la FIFA y el FBI para que los hinchas argentinos tengan prohibido ingresar al partido con banderas, camisetas o cualquier elemento que contenga el mapa de Malvinas.
Las declaraciones de la ministra generaron fuerte repercusión y críticas en la oposición. También por el hecho de haber utilizado el término “mapita” de las islas y decir que no se podía ingresar con nada de “contenido político”.
El recuerdo de la crítica a los franceses
La publicación volvió a mostrar un tono que, en ocasiones anteriores, generó incomodidad dentro de la propia administración de Javier Milei. Remite al antecedente sucedido en julio de 2024, cuando Villarruel protagonizó un conflicto diplomático con Francia en medio de la polémica por los cánticos racistas que involucraron a integrantes de la Selección Argentina tras la consagración en la Copa América.
En aquel momento, la vicepresidenta salió en defensa del mediocampista Enzo Fernández y cuestionó duramente a Francia a través de otro mensaje en redes sociales. “Ningún país colonialista nos va a amedrentar por una canción de cancha”, sostuvo entonces, además de calificar al país europeo como “colonialista” e “hipócrita”.
Las declaraciones provocaron malestar tanto en París como en la Casa Rosada. El Gobierno nacional tomó distancia rápidamente de los dichos de la vicepresidenta y buscó desactivar la controversia. La situación alcanzó tal magnitud que la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, concurrió personalmente a la Embajada de Francia en Buenos Aires para reunirse con el embajador Romain Nadal. El objetivo fue transmitir las disculpas del Gobierno argentino y contener el conflicto diplomático generado por las expresiones de Villarruel. Y de paso, diferenciarse de Villarruel, a quien ya había marcado como rival la hermanísima.
Por entonces, desde el Ejecutivo calificaron los comentarios de la vicepresidenta como “desafortunados” y remarcaron que no representaban la posición oficial de la administración Milei.
Dos años después, aunque esta vez el destinatario de sus críticas fue el Reino Unido y no Francia, Villarruel volvió a utilizar un lenguaje confrontativo en un asunto de alta sensibilidad internacional.
Recordando lo sucedido aquella vez, y ante el comentario de una usuaria respecto de si Karina Milei se disculparía ahora en la Embajada Británica, la vicepresidenta duplicó la apuesta: “Seguramente vaya un día de estos. Ella lleva los scones”.
Y remató: “Nunca oculté cómo pienso, no lo voy a hacer siendo vicepresidente solo para ser políticamente correcta. ¡Aguante Argentina, porque hasta el último suspiro vamos a reclamar lo nuestro!”.






