Investigadores caracterizan 20 variedades y ya obtienen vinos con niveles de calidad validados por productores.
Con más de cuatro siglos de presencia en Argentina, las uvas criollas vuelven a ocupar un lugar central en la agenda vitivinícola. El INTA Mendoza avanza en la caracterización integral de 20 variedades seleccionadas por su potencial para la elaboración de vinos, con el objetivo de sumar alternativas productivas y diversificar la oferta nacional.
El trabajo abarca todas las etapas clave del proceso. Según explicó Santiago Sari, investigador del INTA Mendoza, el equipo analiza desde la fenología y los componentes del rendimiento hasta la composición química de la uva y del vino. “Seleccionamos las 20 variedades que mostraron mejores resultados y las estudiamos en términos de aromas, fenoles y otros parámetros que definen su comportamiento enológico”, señaló.
En esta etapa, el proyecto ingresa en una instancia decisiva: el análisis sensorial de los vinos experimentales elaborados en la bodega del INTA. De las variedades en estudio, 11 son blancas, cuatro tintas y cinco rosadas, una combinación que amplía el abanico de estilos posibles y abre nuevas oportunidades para productores y elaboradores.
El avance técnico se complementa con un acuerdo reciente entre el INTA y CREA, que permitió multiplicar e implantar cuatro variedades –Andina, Anís, Balsamina y Criolla Chica– en parcelas experimentales. Este año se realizó la primera cosecha y vinificación de ese material. “Los productores pudieron comprobar que los vinos alcanzan buenos niveles de calidad, lo que respalda el valor de volver a mirar cepas históricas”, indicó Sari.
El mayor volumen de uva obtenido en estas parcelas facilita nuevas pruebas de vinificación, tanto en blancos como en tintos, y acelera la generación de información técnica aplicable al sector.
En paralelo, el INTA Mendoza acompaña la conformación de una asociación de productores y elaboradores de variedades criollas, un paso que apunta a dar escala y continuidad al trabajo. Jorge Prieto, investigador del organismo, precisó que el proceso se encuentra en su etapa final. “Son más de diez productores que decidieron organizarse. Los acompañamos en la elaboración del estatuto y el reglamento, y ya participaron activamente en la organización del V Encuentro de Vinos y Variedades Criollas y la primera Feria de Vinos de Criollas”, explicó.
La iniciativa combina investigación, producción y organización sectorial, con el objetivo de transformar un patrimonio genético histórico en una herramienta concreta para el desarrollo vitivinícola.





