Juicio por Fernando | Terminó la ultima audiencia de la semana

Finalizó la jornada del juicio por el crimen de Fernando Baez Sosa, con los últimos testigos propuestos por la Fiscalía. El juicio se reanudará el lunes con los testigos propuestos por la defensa.

Los testimonios comenzaron con la bombero geselina Verónica Onieva, quien asistió a Fernando junto a su compañero Javier Timoteo. “No tenía signos vitales”, dijo al ser consultada sobre el estado en el que encontró al adolescente a las 5.05. “¿Nunca tuvo signos vitales [desde que llegaron]?”, preguntó entonces el fiscal Juan Manuel Dávila, a lo que la mujer respondió: “No, nunca”.

“¿Observó cómo fue trasladado y subido a la ambulancia?”, indagó tras ello el defensor Hugo Tomei. Etonces, Onieva contestó: “Del piso lo colacamos en una tabla, la levantamaos y lo subimos a la camilla de la ambulancia”. Momentos después, se dio por terminada su participación.

A su turno, Timoteo ratificó que cuando llegó con su compañera y reemplazaron a la joven que le hacía RCP a Fernando Báez Sosa este no presentaba signos vitales.

En la jornada también declaró Pablo Gastón Zapata, un vecino de Zárate, que acusó a Lucas Pertossi de amenazarlo de muerte semanas antes del crimen de Fernando Báez Sosa. “Hijo de puta, te voy a matar, te voy a robar la moto”, le habría dicho en un bar.

Sobre el episodio ocurrido en el local en diciembre de 2019, Zapata contó que al ser amenazado escapó y que en ese contexto cayó por unas escaleras y se fracturó una costilla tibial. Poco después, su moto “desapareció”, por lo que presentó una denuncia contra Pertossi. No obstante, fuentes cercanas a la defensa aseguraron que el joven nunca fue imputado por el hecho.

“No soy quien para juzgar a este chico. Hice la denuncia. Se que fue él”, aseveró Zapata, de 38 años. Además, en el marco de su declaración mostraron fotos recuperadas del teléfono celular de Lucas Pertossi, donde el testigo reconoció la moto -que no era suya, sino prestada.

Este testimonio sirvió, según el letrado de los padres de Baez Sosa, Fernando Burlando, para establecer que los agresores tenían un “modus operandi” de buscar peleas.

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