Las curvas de contagios y fallececidos continúan en aumento en el país, que pese a la disponibilidad de vacunas tiene una de las tasas de inmunización más bajas de la región

Rusia registró este domingo un nuevo récord de muertes por COVID-19 con 890 fallecimientos en la última jornada, el máximo desde el inicio de la pandemia del coronavirus, informó el centro operativo de lucha contra esta enfermedad infecciosa.

En Moscú fallecieron 65 pacientes y en San Petersburgo 59. En lo que va de registro, el país ha notificado 209.918 decesos por COVID, si bien las estadísticas oficiales sobre exceso de muertes en el mismo periodo triplican esta cifra.

En la última jornada en Rusia se confirmaron además 25.769 nuevos contagios, el mayor número desde enero pasado.

La capital rusa sigue siendo el principal foco de la pandemia, con 4.294 nuevos casos en el último día, seguida de San Petersburgo, con 2.463 infecciones recientes. Este nuevo registro eleva el total de casos de covid-19 detectados en el país a 7.586.536.

Las autoridades atribuyen el aumento de los casos sobre todo a la propagación de la variante delta, más contagiosa que las anteriores.

Rusia no logra bajar las cifras de contagio y de muertes desde la ola de junio pasado, aunque tuvo un respiro breve a fines de agosto.

Expertos independientes acusan a las autoridades rusas de minimizar la gravedad del brote. Rusia, el quinto país más afectado del mundo con más de siete millones de infecciones, ha visto aumentar los casos en el último mes al paralizarse la vacunación.

Varias vacunas rusas han estado disponibles durante meses, pero las autoridades han tenido dificultades para inmunizar a una población escéptica.

De esta forma, permanece la reticencia de los rusos a vacunarse, lo que ha frustrado los planes del Gobierno de vacunar al 60% de la población rusa antes de fin de año.

Hasta el momento solo 42,5 millones de rusos, o el 29,1 % de la población, ha recibido la pauta completa.

En la comparación con otros países y el promedio mundial, Rusia figura en un lugar llamativamente bajo en relación a su disponibilidad de vacunas.

Además, las autoridades han optado por evitar las medidas sanitarias restrictivas, con el fin de proteger la economía, que lleva años estancada.

La mascarilla, que todavía es obligatoria, se usa poco en lugares públicos y las indicaciones de distancia social raramente se respetan.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, admitió esta semana que el ritmo de vacunación es insuficiente, y observó que “algunos ciudadanos no han tomado la decisión todavía de vacunarse, lo cual es malo”. En tono autocrítico, añadió: “Quizás debemos explicar de un modo más activo que lo único que salva vidas es la vacuna”.

Aunque defendió el carácter voluntario de la inoculación y negó de momento restricciones para los no vacunados, y señaló que debido a las particularidades de esta enfermedad llegará un momento en el que “la gente no vacunada vivirá con menos comodidades que los vacunados”. Eso sí, aunque recalcó que la posición del Kremlin respecto a la voluntariedad de la vacunación “no ha cambiado, la situación (epidémica) sí cambia” a peor, constató.

Infobae (Con información de EFE y AFP)

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