Alemania votó este domingo para elegir al sucesor de Angela Merkel pero aún no se sabe a ciencia cierta quién gobernará la primera potencia económica europea. Angela Merkel seguirá unos meses, hasta que se forme una nueva coalición, pues los ciudadanos no votan directamente al jefe de gobierno sino a los parlamentarios, como ocurre en la mayoría de los países europeos. Lo más probable es que sea un gobierno liderado por los socialdemócratas, que ganan por apenas un punto y medio.

En los últimos comicios de Alemania, los del otoño de 2017, los alemanes tuvieron que esperar cinco meses hasta que los dos grandes partidos se pusieron de acuerdo para gobernar juntos y para que Merkel siguiera siendo la jefa de gobierno.

El resultado de este domingo hace más probable un gobierno liderado por los socialdemócratas, que ganan por apenas un punto y medio: 26% frente a 24,5% según los datos iniciales.

El cuasi empate que sale de las urnas deja un escenario abierto con los dos mayores grupos sumando 210 y 204 bancadas en un Bundestag de 730 asientos.

Los socialdemócratas (SDP) de Olaf Scholz (actual ministro de Finanzas) y los democristianos (CDU/CSU) de Armin Laschet (actual presidente regional de Renania del Norte – Westfalia) están muy cerca pero los primeros avanzan mientras los segundos retroceden y eso puede definir quién liderará la próxima coalición.

Es el peor resultado para la CDU/CSU desde 1949. Su resultado les aseguraría una mayoría de bancadas si decidieran gobernar juntos como hasta ahora, pero los socialdemócratas prefieren estudiar otras opciones. Estos ganaron la circunscripción uninominal de Rügen-Greifswald I, la que Angela Merkel ganó ininterrumpidamente desde 1990 hasta 2017.

Crecimiento

Scholz, que hace apenas cuatro meses se veía en los sondeos rozando el 15% del voto y como tercera fuerza y que sale primero de las urnas superando el 25%, aseguró que el resultado es “un gran éxito” y dijo que él sería “el próximo canciller” (los alemanes, como los austríacos, llaman canciller al jefe de gobierno, no al de la diplomacia). Laschet también dijo que intentaría formar gobierno.

Los ecologistas de Grüne, liderados por la joven Annalena Baerbock, son, con su mejor marca histórica, un 15%, la tercera fuera política. A pesar de este resultado, el copresidente del partido, Robert Habeck, dijo que no era “el que esperábamos”. En mayo eran, según todos los sondeos, la primera fuerza y superaban el 25%.

Los liberales (FDP) y la ultraderecha (AfD) quedaron cerca con el 12% y el 10% respectivamente y la extrema izquierda (Die Linke) no sabía anoche si alcanzaría el 5% exigido para entrar en el Bundestag con grupo propio. A los ultraderechistas hay que sacarlos de todas las posibles coaliciones porque nadie hablará con ellos.

Estos datos hacen que la coalición más probable, pero a la vez la más problemática, sea la que formarían socialdemócratas, ecologistas y liberales. Estos últimos quieren entrar en el gobierno pero prefieren hacerlo con los democristianos de la CDU/CSU en lugar de con los socialdemócratas.

Una jugada que necesitaría la complicidad de los ecologistas, reticentes a ese juego. Sobre todo porque los liberales exigen ya el Ministerio de Finanzas para endurecer la política económica europea que practicó Merkel desde el estallido de la pandemia, algo que socialdemócratas y ecologistas no están dispuestos a aceptar.

Si los liberales se niegan a una coalición con socialdemócratas y ecologistas y estos últimos a una alternativa con democristianos y liberales, la política alemana volvería a la casilla de salida y tendría que optar por repetir, por tercera vez, la “gran coalición”, esa unión de socialdemócratas y democristianos que ha gobernado Alemania durante los últimos ocho años al mando de Angela Merkel.

Otra opción, que ya alentaban los liberales, era que ellos y los ecologistas lograran un pacto previo, al que después tendrían que añadirse socialdemócratas o democristianos. Una solución lanzada por los liberales para atraerse a los ecologistas. Y que quedaría en fuera de juego con otra “gran coalición”.

El jefe de gobierno sería el candidato del partido que obtuviera finalmente más bancadas, algo que aún era imposible de saber a la espera del importante número de papeletas depositadas por correo con antelación y que debían todavía sumarse al escrutinio.

Los sondeos a pie de urna también muestran que socialdemócratas y democristianos son los preferidos para la población de más edad mientras que los jóvenes apuestan más por liberales y sobre todo por los ecologistas.

Hacia Europa

La forma que tome la futura coalición impactará directamente en la política europea de los próximos años, que se queda huérfana de la figura dominante de Angela Merkel.

Un jefe de gobierno socialdemócrata será un poco más europeísta y más dado al compromiso con sus socios europeos de lo que fue Merkel. Sin tener en cuenta a la ultraderecha, el único partido algo reticente con la integración europea es el liberal.

Este resultado muestra también una tendencia generalizada en Europa desde la crisis de 2008, el agotamiento del sistema bipartidista en el que una gran familia de centro izquierda y otra de centro derecha se turnaban en el poder.

Todos los sistemas parlamentarios europeos –no aplicable a sistemas presidencialistas como el francés- han visto desde esa fecha cómo perdían peso los grandes partidos a favor de nuevas formaciones, que han salido de todos los sombreros: del ecologismo, del populismo de izquierdas y hasta del neofascismo.

Es un escenario que se ha dado en España, en Italia, en los Países Bajos, en Bélgica, en los países escandinavos y que es cada vez más claro en Alemania. Europa se gobierna en coalición.

Clarín

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