Estoy contemplando el universo de mi ventana.
Una casa, un edificio, un colegio y la esquina. Casi invisible y misteriosa donde un gatito amarillo maúlla buscando refugio.
Pasa un automóvil quebrantando por un instante el silencio triste de los arboles.
¡Qué sosiego; pero, qué nostalgia!
En una ciudad tan repleta de gente y la noche camina sola por la calle.
Un ave hace un sonido de plumas húmedas. Calmó la lluvia. El cielo se viste de blanco como una novia al altar.
Las luces. Las hojas. El agua. El asfalto. Nada misterioso. Nada fantástico. Nada romántico. Simplemente la descripción sensible de una noche distinta, de una ciudad distinta, de un hombre distinto viviendo una vida diferente o que, por lo menos, intenta serlo.
Sin temores. Sin gritos. Sin reclamos. Sin nada o casi nada porque la noche es mía al menos por hoy; silenciosa, misteriosamente mía y de nadie más.
Ventana















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